Ciudad de Guatemala. — La violencia vuelve a estremecer al área metropolitana tras confirmarse un hallazgo múltiple en un sector de difícil acceso al norte de la capital. Elementos de los Bomberos Voluntarios han recuperado 10 cadáveres y dos osamentas en un barranco situado en la ruta a Santa Lucía Los Ocotes, zona 25.
Una escena del crimen sistemática
El reporte de los cuerpos de socorro describe una escena dantesca. Las víctimas fueron encontradas al fondo del barranco, presentando un patrón perturbador: todas estaban envueltas en sábanas y bolsas plásticas, y atadas con lazos.
Hans Lemus, vocero de los Bomberos Voluntarios, confirmó la gravedad del descubrimiento: «También se localiza una bolsa con osamentas que estaba envuelta en sábanas y plásticos».
Por su parte, la Policía Nacional Civil (PNC) ha destacado que los crímenes siguen un mismo modus operandi. Los cuerpos examinados preliminarmente presentan múltiples tatuajes, lo que ha sido clave para las primeras hipótesis de la investigación.
La hipótesis: Una guerra interna y narcomenudeo
Las primeras pesquisas de los investigadores apuntan a una violenta disputa de territorio. Se presume que las víctimas formaban parte de los anillos de seguridad de puntos de venta de droga que operan en las zonas 18 y 25.
Fuentes cercanas a la investigación señalan una conexión directa con estructuras criminales mayores:
«Los dueños de esos puntos de droga presuntamente son cabecillas del Barrio 18 que están recluidos en la cárcel de Fraijanes 2», detalló un investigador.
Se cree que los cuerpos fueron lanzados a este barranco —utilizado como basurero clandestino— a lo largo de las últimas tres semanas, lo que explica los distintos estados de descomposición.
Reacomodo de estructuras criminales
El Ministerio de Gobernación (Mingob) vincula este repunte de violencia con la presión que las autoridades han ejercido recientemente. Según la cartera del Interior, los operativos, capturas de «gatilleros» y decomisos de armas han forzado un «reacomodo de las estructuras criminales».
Esta inestabilidad interna en las pandillas, sumada al afán por dominar territorios vulnerables ante la captura de líderes locales, habría detonado esta serie de ejecuciones.
Actualmente, las autoridades esperan los análisis del Inacif para identificar plenamente a los fallecidos, mientras continúan los operativos en el sector.


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