Con palmas en alto y fe renovada, Escuintla celebró el Domingo de Ramos recordando la humildad de Jesús y el llamado a vivir con amor, paz y servicio hacia los demás.
Escuintla, Guatemala – Las campanas de las iglesias marcaron un inicio especial para la Semana Santa: el Domingo de Ramos, día en que la fe y la memoria espiritual renacieron en cada rincón del departamento de Escuintla. Desde muy temprano, los fieles acudieron a los templos portando ramas de palma, listos para recibir la bendición y con ella, abrir el corazón al verdadero mensaje de esta jornada: humildad, paz y amor desinteresado.
Más allá de la tradición litúrgica, este día evocó un llamado profundo al alma. La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén no fue la de un conquistador, sino la de un servidor. Montado en un humilde burro, fue recibido por una multitud que agitaba ramos, gritando «¡Hosanna!». Hoy, siglos después, ese gesto continúa resonando como símbolo de esperanza, unidad y entrega.
La fe se comparte en los distintos municipios de Escuintla
En los distintos municipios del departamento, la celebración tomó matices propios, reflejo de la riqueza cultural de cada comunidad. En Palín, por ejemplo, las calles se vistieron de devoción viva y coloridas manifestaciones. La Cofradía de Ramos desplegó su herencia espiritual y cultural entre cantos, altares, trajes tradicionales y un fervor que se sintió en cada paso.
La Cofradía de Ramos de Palín
Jorge Huertas, usuario activo en redes sociales y testigo de esta expresión de fe, compartió en su perfil un emotivo testimonio que resume el sentir colectivo:
“Hoy, domingo me tocó trabajo de campo en Palín, me encontré con la hermosa celebración de la Cofradía de Ramos: colores, fe y una herencia que grita: ‘Aquí, la cultura no duerme’. ¿Qué hice? Acompañar, admirar y recordar por qué amo este trabajo: Porque cada calle, cada altar, cada sonrisa en Palín… es una razón más para seguir luchando por preservar lo nuestro.”
La fe no descansa
Mientras la ciudad de Escuintla respiraba una pausa dominical, sus comunidades demostraban que la fe no descansa. Los miembros de las hermandades, especialmente los que acompañan a Jesús Nazareno, guiaron procesiones que no solo recorrieron calles, sino que tocaron corazones. Para ellos, esta jornada fue más que una costumbre: fue una oportunidad para renovar el compromiso de vivir como lo hizo Cristo, con un corazón dispuesto a servir.
“El Domingo de Ramos no es solo el inicio de la Semana Santa, es una invitación a mirar hacia adentro, a abrirnos a los demás con bondad y a recordar que la verdadera grandeza no se impone, se entrega”, compartió un integrante de la Hermandad de Jesús Nazareno de Escuintla.
En estos tiempos de división y prisa, el mensaje cobra una vigencia poderosa: solo a través de la humildad y el amor al prójimo puede encontrarse el camino hacia la verdadera paz. Y Escuintla, con sus tradiciones vivas y su fe arraigada, lo recordó con palmas en alto, pero sobre todo, con el alma encendida.


Deja un comentario