Texas enfrenta una tragedia sin precedentes: las inundaciones en Kerrville dejan casi 80 muertos, decenas de desaparecidos y una población que cuestiona la falta de alertas a tiempo.
Estados Unidos – El pasado viernes 4 de julio, las aguas del río Guadalupe en el centro de Texas, Estados Unidos, rompieron su cauce con una fuerza devastadora. En cuestión de minutos, las inundaciones arrasaron calles, derrumbaron puentes, destruyeron casas y cobraron la vida de al menos 82 personas, según datos oficiales. Aún se reportan decenas de desaparecidos y las lluvias no han cesado del todo, lo que mantiene vigente la alerta por nuevas riadas.
El condado de Kerr ha sido el más afectado, con 68 fallecidos confirmados, entre ellos al menos 28 menores de edad. La comunidad estuvo buscando a diez niñas del campamento cristiano Camp Mystic, que fueron arrastradas por la corriente mientras dormían en sus cabañas.
“Fue como un trueno interminable, el agua entró sin aviso”, relató Christian Fell, de 25 años, residente de Kerrville, quien logró sobrevivir aferrado a un medidor eléctrico tras escapar por una ventana rota. “En segundos, todo estaba bajo el agua”.
Mientras tanto, el caso de Adolfo Romero, un abuelo latino que busca a sus nietos entre escombros, ha conmovido a su comunidad. “No he encontrado a los niños, solo sus fotos mojadas. Pero mis vecinos me están ayudando, algunos trajeron grúas, otros palas. No estoy solo”, dijo con la voz entrecortada.
Reacción oficial
La reacción oficial ha sido cuestionada. Numerosos residentes alegan que las alertas llegaron tarde o no fueron lo suficientemente claras. Las oficinas del Servicio Nacional de Meteorología en la zona operaban con personal reducido debido a recortes presupuestarios ordenados por la administración Trump, que también ha anunciado su intención de eliminar FEMA, la agencia encargada de desastres.
El presidente Trump, quien el domingo declaró desastre mayor en Texas, evitó dar respuestas claras sobre si los recortes influyeron en la falta de alertas tempranas. “Nadie lo esperaba, nadie lo vio venir”, dijo escuetamente.
Hasta el momento, el país se une en apoyo mientras brigadas de voluntarios, bomberos y vecinos intentan rescatar vidas, recuperar cuerpos y sostener la esperanza. La amenaza de más lluvia sobre un suelo ya saturado mantiene en vilo a comunidades enteras. La tragedia aún no ha terminado.
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