Amatitlán celebra este 3 de mayo la Feria de la Cruz, una tradición centenaria que combina fe, cultura y coloridas actividades, destacando la procesión acuática del “Zarquito”.
Amatitlán, Guatemala – Con fervor religioso y alegría popular, el municipio de Amatitlán se llena de vida este 3 de mayo con la celebración de la tradicional Feria de la Cruz, una de las festividades más emblemáticas del país, que honra a la Santa Cruz y refuerza la identidad cultural de toda una comunidad.
Con raíces que se remontan a la época colonial, esta festividad tiene como eje central el Día de la Santa Cruz, símbolo de profunda significación en la fe católica. En Amatitlán, la celebración se ha consolidado a lo largo de los siglos como una de las más completas y representativas, combinando solemnidad religiosa con expresiones festivas y populares que atraen a miles de visitantes.
Durante la feria, los habitantes del municipio y los peregrinos participan en misas, rezos y procesiones, siendo la más destacada la singular procesión acuática del Niño Dios de Amatitlán, el “Zarquito”, declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2007. Esta tradición única en el país consiste en transportar la imagen del Niño Dios por las aguas del lago de Amatitlán, deteniéndose en la emblemática “silla de piedra”, donde los fieles expresan su devoción y agradecimientos.
A la par de las actividades religiosas, la feria también ofrece un amplio abanico de eventos culturales y sociales, como conciertos, bailes populares, desfiles, ferias gastronómicas y la elaboración de coloridas alfombras de aserrín. La mezcla de lo sagrado con lo festivo convierte a esta celebración en una experiencia profundamente guatemalteca, en la que cada rincón de Amatitlán se convierte en escenario de encuentro, fe y convivencia.
Es muy común que las jóvenes vistan de mengalas para sus representaciones. En Amatitlán, Guatemala, «mengalas» se refería a mujeres que vestían un traje regional caracterizado por colores brillantes, encajes y pliegues. Este traje, de origen colonial, era distintivo de las mujeres de mestizaje, tanto solteras como casadas, y era una forma de identidad social y cultural.
“Esta feria es una manifestación viva de nuestras raíces y de nuestro compromiso como comunidad con la tradición”, expresó uno de los organizadores locales, quien destacó la participación activa de jóvenes y familias en la preparación de las actividades.
Para muchos, asistir a la Feria de la Cruz no solo significa un acto de devoción, sino también una oportunidad para reconectar con la historia, la gastronomía, el arte y la hospitalidad del pueblo amatitlaneco. En un contexto donde preservar las tradiciones es fundamental, esta festividad reafirma año con año su papel como patrimonio vivo de Guatemala.
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