A más de dos años de las elecciones generales, el escenario político guatemalteco comienza a llenarse: ya hay 27 partidos inscritos y 35 agrupaciones en busca de competir en 2027.
Guatemala, Ciudad – El tablero político de Guatemala se mueve: más de 50 agrupaciones entre partidos y comités ya perfilan su intención de competir en las elecciones generales de 2027, pese a que aún faltan más de 24 meses para que inicie oficialmente el proceso. La cifra incluye 27 partidos inscritos, 10 comités pro formación de nuevas organizaciones y al menos 14 grupos más en etapa de recolección de firmas, según reportes de prensa.
Uno de los anuncios más recientes lo protagonizó el diputado Samuel Pérez, quien encabezó la presentación del comité «Raíces», conformado por una facción disidente del oficialista Movimiento Semilla. Aunque fue anunciado como un esfuerzo de “refundación”, la ausencia de buena parte de los diputados originales del movimiento dejó claro que se trata más de una división formal que de un relanzamiento colectivo.
Acompañado por simpatizantes y antiguos dirigentes del partido de gobierno, Pérez aseguró que no se recurrirá a plataformas ya existentes ni a “vehículos electorales prestados”, en un discurso que intentó desmarcarse de prácticas tradicionales. Sin embargo, su anuncio no fue respaldado por figuras como Ivanna Luján, Victoria Godoy, Brenda Mejía o José Carlos Sanabria, quienes expresaron que cualquier intento de continuidad debería surgir de un proceso democrático con participación de las bases.
Una constante: dividir para inscribir
El caso de Raíces no es único. La historia reciente del país ha estado marcada por la proliferación de partidos originados en escisiones internas. La UNE ha sido uno de los semilleros más prolíficos de nuevas agrupaciones: VOS, fundado por Karina Paz, Jairo Flores y Orlando Blanco, entre otros, surgió tras disputas internas entre Óscar Argueta y Sandra Torres. De ahí también nació el partido TODOS, impulsado por Roberto Alejos, hoy en manos de Felipe Alejos.
Otro ejemplo es la agrupación Nosotros, que en las elecciones de 2023 promovió la reelección de diputados provenientes tanto de UNE como de VAMOS, en lo que analistas describieron como una estrategia de supervivencia política más que una propuesta ideológica sólida.
Más partidos, más problemas
La presidenta en funciones del TSE, Blanca Alfaro, advirtió recientemente sobre las complicaciones que podría implicar un proceso electoral con 40 o más partidos en contienda. “Si con 27 tuvimos conflictos, con 40 será aún más difícil”, afirmó, haciendo alusión a la logística electoral, como el tamaño de las boletas y la claridad para los votantes.
Actualmente, cuatro partidos están suspendidos por faltas administrativas, pero el flujo de nuevas solicitudes no se detiene. Tan solo en enero de este año se inscribieron dos nuevos comités: Paz, Acción y Soberanía y Rescate Nacional de Ciudades y Comunidades en Renovación.
Las caras conocidas, con banderas nuevas
Aunque algunos comités aseguran representar propuestas frescas, la mayoría revive nombres o liderazgos ya conocidos. Por ejemplo, el comité Fuerza por Guatemala intenta recuperar el antiguo partido Fuerza, con el que Giammattei participó en 2015. Servir, respaldado por Carlos Pineda, y La Nueva Derecha, promovida por el exfuncionario Camilo Dedet, también buscan posicionarse. A estas se suman Chapín, XGuate, Transformación Nacional y otras que reciclan estructuras de partidos como FCN-Nación, Prosperidad Ciudadana y PAN.
¿Reformas en pausa?
Mientras tanto, en el Congreso duerme la iniciativa 6377, que propone reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. El debate no avanza, y la falta de consenso ha dejado intacto un sistema que permite que estructuras, muchas veces sin bases ideológicas claras, se reproduzcan con facilidad.
Una nueva etapa con los mismos rostros
Aunque algunos partidos como Raíces prometen un nuevo comienzo, la tendencia apunta a una sobreoferta electoral con rostros ya conocidos. El desafío para la ciudadanía será distinguir entre propuestas auténticas y repeticiones disfrazadas, en una contienda donde la saturación podría jugar en contra del voto informado.
Y mientras los partidos se inscriben, organizan asambleas y alistan candidaturas, lo cierto es que la carrera hacia 2027 ya comenzó, aunque el semáforo electoral todavía esté en rojo.
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