Una propuesta tributaria en el Senado estadounidense podría afectar directamente a millones de hogares en Guatemala, donde las remesas son el sustento único para casi un tercio de los receptores.
Ciudad de Guatemala. – Mientras el Congreso de Estados Unidos avanza en la discusión de un ambicioso paquete fiscal, las alarmas se encienden en Guatemala: un nuevo impuesto del 3.5% a las remesas podría reducir uno de los principales flujos de divisas que sostienen a la economía guatemalteca y a miles de familias que dependen de este ingreso para sobrevivir.
Las autoridades del Banco de Guatemala (Banguat) analizaron recientemente el alcance que esta medida podría tener en el país, advirtiendo que, si se aprueba en la Cámara Alta, el impacto no solo será económico, sino profundamente social y estructural.
Según estimaciones de la institución, Guatemala dejaría de percibir hasta 860 millones de dólares anuales si el impuesto es asumido completamente por los migrantes. Aunque en términos macroeconómicos representaría un 0.5% del PIB, las consecuencias serían mucho más agudas para los hogares más vulnerables.
“Debemos recordar que las remesas no solo tienen un valor económico, sino un fuerte componente social”, advirtió Johny Gramajo, gerente económico del Banguat.
Una carga que no toca a todos por igual
El proyecto fiscal estadounidense contempla que el impuesto solo se aplique a migrantes no ciudadanos, lo que excluye a los estadounidenses y residentes legales. En la práctica, más del 95% de los remitentes guatemaltecos en EE. UU. se verían directamente afectados, al igual que sus familias en el país.
De acuerdo con el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, al menos tres de cada diez hogares que reciben remesas dependen exclusivamente de ese ingreso. En regiones como el occidente del país, donde la pobreza y el desempleo golpean con fuerza, ese dinero representa la diferencia entre el sustento y la precariedad.
Las cifras: crecimiento sostenido y riesgo en el horizonte
Hasta el 22 de mayo, las remesas habían alcanzado un flujo de US$9,233.4 millones, con un crecimiento del 16.8% en comparación con el mismo período del año anterior. Para finales de 2025, el Banguat proyecta un crecimiento más moderado del 5%, llegando a US$24,600 millones.
Este dinamismo ha sido un amortiguador importante para el consumo interno, el acceso a servicios básicos y la movilidad social en sectores excluidos del desarrollo económico formal. Un gravamen como el planteado podría forzar ajustes drásticos en la economía de estos hogares, e incluso en el sistema financiero nacional que depende de esos flujos para el crédito y la inversión.
Más allá de las cifras: una relación bilateral en tensión
La propuesta de este impuesto surge como parte de un esfuerzo de la administración estadounidense para compensar el gasto sin aumentar la deuda nacional, actualmente situada en 36 billones de dólares. Sin embargo, en países como Guatemala, donde la migración ha sido la respuesta a la falta de oportunidades, la medida podría ser percibida como un castigo indirecto a las diásporas que sostienen economías enteras.
Especialistas en relaciones internacionales advierten que, de aprobarse, este tipo de medidas podrían erosionar la cooperación bilateral y aumentar la presión migratoria hacia EE. UU., el efecto contrario al buscado por las políticas de contención migratoria.
Una decisión que trasciende fronteras
El Senado estadounidense conocerá el paquete económico el próximo 2 de junio. Mientras tanto, las autoridades guatemaltecas, instituciones financieras y organizaciones de migrantes observan con atención una decisión que podría redibujar la economía nacional desde el exterior.
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